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¿TDA y TDAH son lo mismo?

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¿TDA y TDAH son lo mismo?

“A mí me dijeron que tengo TDA, no TDAH.” Es una frase que se escucha seguido, sobre todo en personas diagnosticadas hace más de quince años o en quienes leyeron sobre el tema en otro momento. Y genera una duda razonable: ¿son dos condiciones distintas, o es la misma cosa con otro nombre?

La respuesta corta: hoy, clínicamente, es una sola condición. La sigla que cambió fue la clasificación, no la persona.

De dónde viene la confusión

Durante los años 80, el manual diagnóstico usado internacionalmente (el DSM) hablaba de “Trastorno por Déficit de Atención”, con o sin hiperactividad. De ahí surgió el uso popular de “TDA” para nombrar los casos sin hiperactividad marcada, y “TDAH” para los que sí la tenían. Ese término quedó instalado en el lenguaje cotidiano, en muchos diagnósticos viejos y hasta en la forma en que algunos profesionales siguen nombrándolo por costumbre.

En las revisiones posteriores del manual, la clasificación cambió: todo pasó a llamarse TDAH, y lo que antes era “con o sin hiperactividad” se convirtió en tres formas distintas de presentación de la misma condición.

Las tres presentaciones del TDAH actual

  1. Presentación con predominio de inatención: lo que coloquialmente mucha gente sigue llamando “TDA”. Dificultad para sostener el foco, organizar tareas o seguir instrucciones, sin hiperactividad física evidente.
  2. Presentación con predominio hiperactivo-impulsivo: inquietud, dificultad para quedarse quieto o esperar el turno, impulsividad marcada, con menos síntomas de inatención pura.
  3. Presentación combinada: la más frecuentemente diagnosticada, donde conviven síntomas de ambos grupos.

Una misma persona puede, además, cambiar de presentación a lo largo de la vida: es común que la hiperactividad física visible en la infancia se transforme en inquietud interna en la adultez, quedando un cuadro más cercano al “inatento”.

¿Entonces decir “TDA” está mal?

No exactamente. Como término clínico formal, ya no se usa. Pero como forma coloquial para referirse a la presentación inatenta, sigue muy instalado, incluso entre profesionales, y no es un error grave usarlo en una conversación. Lo importante es entender que no describe una condición aparte, sino una manera en que se puede manifestar el TDAH.

Por qué esta distinción importa en la práctica

  • Diagnóstico más tardío: la presentación inatenta es menos ruidosa y más fácil de pasar por alto en el aula o en la consulta, lo que retrasa el diagnóstico en muchos casos.
  • Más frecuente en mujeres: históricamente, buena parte del subdiagnóstico de TDAH en mujeres y niñas se explica porque predomina la presentación inatenta, menos asociada al estereotipo del “chico que no para quieto”.
  • Mismo abordaje, distinto énfasis: el tratamiento parte de la misma base, pero las estrategias prácticas se ajustan según qué síntomas pesan más en cada persona.

Más allá del nombre que se haya usado en cada diagnóstico, lo que importa es identificar cómo se presenta el TDAH en cada persona en particular, para poder acompañarlo de la manera correcta.

Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud.

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